«El Agente Topo»: premiando el paternalismo y abandono. Análisis desde una perspectiva geroactivista

No es secreto para nadie la controversia alrededor de “El Agente Topo”, filme que compite para llevarse el galardón al mejor largometraje documental de la temporada en los Oscars 2021. Centenares de personas aclamaron la propuesta de la realizadora Maite Alberdi, sin embargo, otras muchas la han tachado de “melodrama manipulador” y “vergüenza internacional”.

Organismos especializados en gerontología, tanto nacionales como internacionales, han expresado la importancia de contar con productos culturales que visualicen la soledad de personas mayores dentro de residencias de larga estadía. Pero ¿es esta una producción que aporta una imagen alternativa alejada de la discriminación de las vejeces en la sociedad actual? Advertimos que este análisis se basa en una perspectiva geroactivista, es decir, desde una visión de reivindicación de las vejeces abogando por los DDHH de este grupo etario y no desde de una óptica cinéfila (aunque es preciso mencionar que pensamos que el cariz documental se derrumba con el solo hecho de introducir un “topo” dentro del contexto residencial). 

Puntos “altos”:

Por supuesto, Sergio Chamy, el mismísimo Agente Topo. Un carismático hombre de la cuarta edad quien obtuvo el reconocimiento como actor del Cinema Eye Honors gracias a su impecable “actuación”. En las últimas semanas se ha convertido en una figura importante en la lucha por los DDHH de las personas mayores, haciendo apariciones donde reivindica su edad y la necesidad de visibilización de su grupo etario. 

Segundo, destacamos la invitación implícita que hace la película: pensar las propias vejeces. Nos hace reflexionar y abre el debate familiar sobre las vejeces de hoy, y cómo queremos ser tratados en nuestras propias vejeces del futuro.

En tercer lugar, la visibilización efectiva de realidades potencialmente desconocidas en nuestro país que evidencian el fenómeno del envejecimiento en Chile, así como el profundo viejismo estructural del Estado chileno, que perpetúa el abandono y la exclusión social de las personas mayores, en especial aquellas dependientes que viven en residencias. 

– Feminización del envejecimiento. Las mujeres somos mayoría. Y en la tercera y cuarta edad no es excepción. Según el INE (2018), el 55,7% de las personas mayores corresponden a mujeres mayores de 60. También son las más longevas. Las mujeres tienen una expectativa de vida de 83 años y los hombres de 79 años (INE, 2018). Este fenómeno se observa sobretodo en la cuarta edad (80 y más años) donde un 63,4% son mujeres. En el caso de las residencias, 16.353 son mujeres (vs 10501 hombres) (Marín et al., 2004). En el Agente Topo, 40 residentes correspondían a mujeres vs 4 hombres.

– Personas con demencia. En Chile, el 7,1% de la población mayor de 60 años presenta Enfermedad de Alzheimer u otra demencia y se prevé que esta cifra aumente a 3,1% en el año 2050 (MINSAL, 2021). Según SENAMA (2010), de este grupo el 13% corresponde a personas entre 75-79 años y el 36,2% mayores de 85 años. A pesar de ser una enfermedad que va al alza, existe un desconocimiento acerca del manejo, así como un gran estigma público y estructural sobre lo que es tener demencia y cuidar a alguien con estas características, es decir, se observa una devaluación y exclusión social producto de la enfermedad, impactando en la calidad de vida de las personas con demencia y sus entornos familiares, así como formando una barrera para un diagnóstico oportuno que facilite el acceso a tratamiento y apoyo integral (Mascayano et al., 2015). En el filme observamos a varias residentes con, al menos, deterioro cognitivo (estadio antecesor de la demencia) como Marta, Sonia y Rubira. Y el desconocimiento completo de la demencia lo ejemplifica Rómulo Aitken al decir “Una ratona que se mete a las piezas donde no corresponde”, cuando se refiere a los posibles robos dentro del recinto. 

– Amistad y relaciones amorosas: Las relaciones de amistad se han identificado como uno de los vínculos centrales de las personas mayores, las cuales tienen impacto directo sobre el bienestar biopsicosocial. Compañía social, apoyo emocional, guía cognitiva y consejos, regulación social y así como la ayuda material, de servicios y acceso a nuevos contactos son algunas de las funciones que tienen las amistades en esta etapa de la vida (Arias et al., 2011). Sergio, al final de la película, les dice a unas residentes “Ustedes son mis amigas” viéndose muy afectado por tener que dejar el establecimiento. Estas mujeres pasaron a ser compañía principalmente, en un contexto de viudez que tenía comprometido emocionalmente al protagonista.

– Personas mayores en el mercado laboral: De las personas mayores que trabajan, el 49% tiene trabajos informales (INE, 2018). Por otro lado, de las personas mayores que jubilaron en marzo de 2020, recibieron una pensión autofinanciada de $223.914 en promedio. El 55,9% de éstas eran mujeres, recibiendo en promedio $109.812.- (Fundación SOL, 2020). Esto nos hace reflexionar sobre la necesidad de seguir trabajando a pesar de haber jubilado. Las pensiones en nuestro país son de miseria deriva en una inequidad socioeconómica y vulneración de derechos. En la película, la gran asistencia de candidatos evidencia este punto.

– Viejismo laboral. Dícese de aquella discriminación por motivos de edad hacia las personas mayores en el ámbito laboral. Si solo vemos las cifras en pandemia, las personas mayores ha sido uno de los grupos más afectados. Para junio 2020, existieron un 25% menos de ocupados de este segmento que en el mismo período en 2019 (Observatorio UC, 2020). El anuncio del inicio de la película dice: “se necesita adulto mayor, hombre, 80-90 años, autovalente, buena salud, con manejo de tecnología”. Algún candidato comenta su sorpresa frente al anuncio y menciona “basta con que les diga la edad y…”.

– Brecha digital. Más de un 80% de las personas mayores posee un celular, pero solo para la mitad es un teléfono inteligente y apenas un 54,6% de los hogares conformados solo por personas mayores de 65 años tiene acceso a Internet en donde el estrato socioeconómico es crucial: a menor estrato, mayor es la brecha (SUBTEL, 2017). En la película, se hace evidente el desconocimiento de las nuevas tecnologías por parte de las personas mayores y también la falta de capacitación y paciencia de las generaciones más jóvenes al intentar enseñar a usar estas tecnologías.

– Estereotipo de la soledad. A pesar de que se sabe que este fenómeno no está suscrito a la vejez y que la vejez no es la responsable en la generación de situaciones de soledad en personas mayores, esta creencia errada persiste. En general, las personas mayores viven en hogares intergeneracionales, es decir, viven con personas de otras generaciones siendo parte de una red de apoyo. Se estima que solo un 13% de las personas mayores reside en viviendas unipersonales, es decir, viven solas, generalmente mujeres (CASEN, 2017). Por otro lado, ¿qué pasa con la “soledad voluntaria”?. Muchas personas, por circunstancias o elección, la experimentan como algo positivo y placentero (Andersson, 1998). En sociedades como la chilena, con un fuerte modelo centrado en la capitalización individual por sobre un Estado de Bienestar, la familia se constituye como la principal forma de acceso a compañía y protección social de las personas (Gajardo, 2015), por lo tanto, hablar de “la soledad” provoca incomodidad.

– Una visión paternalista de las personas mayores. Solemos ver a las personas mayores retratadas como objetos de sobreprotección y caridad en vez de sujetos de DDHH. Individuos sin autonomía, independencia o autodeterminación. Un ejemplo de esto son las representaciones sociales en torno a las personas mayores que generan los medios chilenos, principalmente caricaturizadas, frágiles y dependientes (Carrasco-García, Cárcamo-Ulloa, 2020). En la película Aitken pregunta a Sergio: ¿Contamos con el permiso de la señora para internarse en un asilo de ancianos?. Al ser Sergio viudo, debe asistir su hija a dar su consentimiento para que al protagonista pueda ser parte de este proyecto. ¿Es ella su representante legal?.

– Discurso infantilista hacia las personas mayores. Existe un término llamado “elderspeak”. Dícese de aquel estilo de habla que se caracteriza por un vocabulario y una estructura de oraciones más simples, con un hablar más lenta y “cariñosa”, como si se le estuviera hablando a niños o niñas. Este estilo inapropiado deriva del estereotipo de que las personas mayores tienen capacidades cognitivas o físicas reducidas y su uso puede ser el resultado o contribuir a la discriminación por edad (Williams et al., 2005). En el caso de la película tenemos varios ejemplos: Rómulo utiliza el elderspeak cuando intenta enseñar el uso del celular a Sergio, el tratamiento de algunas cuidadoras formales en la residencia (“mis pollitos”), entre otros.

– Mal uso de términos y frases viejistas: “asilo de ancianos”, “viejos”, “abuelos”, “Ud. Tuvo que ser muy linda cuando joven”. Para más detalle sobre este punto, remitirse a la “Guía de Comunicación Responsable hacia las Personas Mayores” de nuestra Fundación. https://t.co/wgWviCxlp8

– Estereotipos negativos acerca del envejecimiento, vejeces y edad: Uno de los mitos más extendidos acerca de las personas mayores es que todas tienen enfermedades, en especial mala memoria. Los problemas de memoria no son propios de la vejez, así como que olvidos frecuentes no son normales, ni siquiera en la vejez. Un ejemplo: “te voy a comprar un frasco de Actebral para la memoria”. Para más detalle sobre este punto, remitirse a la “Guía de Comunicación Responsable hacia las Personas Mayores” de nuestra Fundación. https://t.co/wgWviCxlp8

– Vivir en una residencia de larga estadía: Se estima que 26.854 personas mayores están en situación de institucionalización de un universo de 1.717.478, es decir, un 1,56% (Marín et al., 2004), de las cuales 23.453 viven en residencias formales y 3.401 en residencias informales. En el de “Agente Topo”, se muestra la cotidianeidad y diario vivir de las personas mayores residentes y del equipo de trabajo. Destacando el interés de algunas integrantes del equipo de cuidado y de la dirección en promover la funcionalidad de algunas de las residentes, favoreciendo la realización de actividades como ir a cobrar su pensión y salir de la residencia por parte de aquellas personas autovalentes, a su vez los eventos conmemorativos al fallecer una de las residentes.

– Viejismo hacia el mismo grupo. La discriminación por edad hacia las personas mayores se ejerce generalmente por generaciones más jóvenes. Sin embargo, también es perpetrada por las personas mayores generalmente autovalentes hacia personas de su mismo grupo, pero en situaciones de dependencia ya sea física o cognitiva. Claro está, este fenómeno se origina por habitar toda una vida en una sociedad edadista, interiorizando el edadismo estructural, tomando un rol discriminador hacia “las y los otros diferentes”. Son otros y otras las “viejas” (Voss et al., 2018). Sergio en reiteradas oportunidades trata de manera bastante condescendiente a las residentes (“abuelita”), así como también ejemplifica un candidato con 85 años dice: “aunque yo me veo y me siento joven”. 

Puntos “bajos”:

Sin dudas, la falta de ética en la exposición de personas mayores en dependencia moderada a severa. Ya lo pregunta Aitken “¿no tienes algún problema ético-moral para estar sapeando a estos “viejitos”?” Al poco andar vemos a una señora que se está bajando los pantalones para orinar, Marta pide constantemente que se le abra la puerta, Rubira llora frente a la cámara, un par de mujeres están en situación de dependencia severa por lo cual se las muestra “postradas”. En su momento, las realizadoras señalaron que la película contó con consentimiento de los propios personajes y de tutores. Pero ¿realmente basta con que los familiares de estas personas accedan a mostrar su imagen?. Esto nos lleva al debate de los derechos de las personas mayores y en especial de las personas mayores con demencia. 

La Convención Interamericana sobre la protección de los DDHH de las Personas Mayores (OEA, 2017) en su artículo 16, señala que las personas mayores tienen derecho a la privacidad y a la intimidad. Una vida privada se refiere a la parte de la propia vida que se protege de los demás y que todos deben respetar. El hogar, los afectos y los asuntos de salud son parte de la vida privada de las personas. Por lo mismo nadie puede revisar sin permiso sus cosas, entrar sin permiso en la casa o entrometerse en los asuntos de salud o de cuidado personal de estas personas mayores. Por otro lado, la ley 20.584 (Superintendencia Salud, 2012) habla sobre la regulación de los derechos y deberes que tienen las personas en relación con acciones vinculadas a su atención en salud. El párrafo 2º habla de derecho a un trato digno: “Respetar y proteger la vida privada y la honra de la persona durante su atención de salud. En especial, se deberá́ asegurar estos derechos en relación con la toma de fotografías, grabaciones o filmaciones, cualquiera que sea su fin o uso”. Por lo tanto, podría decirse que este filme no tiene trato respetuoso, ni se resguarda lo necesario de la honra, intimidad e imagen de cada una de las y los residentes de esta residencia.

Segundo, la propuesta se considera paternalista, cada vez que las realizadoras individualizan a las y los residentes por sus miserias más que por sus potencialidades. En este contexto, puede que las y los espectadores no puedan evitar la conexión sentimental desde la lástima o la ternura con este mundo precario, por lo mismo manipulador. Por otro lado, en entrevista con Warnken, Alberdi reconoce que observó situaciones negativas las cuales “definió” no mostrar para no caer en el prejuicio. ¿Prejuicio? ¿No es acaso un prejuicio pensar que hay que perpetuar la imagen de objetos de caridad de las personas mayores en estos contextos? 

En tercer lugar, el punto de vista conservador en el abordaje de la soledad. No se proporciona elementos para ir más allá de la reflexión “pobres abuelitos, sus familias no van a visitarlos”. Se le ocurrió a las realizadoras preguntarse el porqué de este “abandono”, no de esta forma reduccionista y simplista?. La soledad es más que un fenómeno lineal u objetivo, pues entran en juego la biografía, las circunstancias y por sobre todo los contextos socioeconómicos y dinámicas familiares cuando hablamos de establecimientos de larga estadía. La edición de esta película encubre la realidad política y social de lo que sí acontece en este país: un viejismo estructural enraizado y perpetuado por el sistema capitalista que penaliza la vejez a pesar de que la longevidad es uno de los índices de éxito de los países. Oculta que, quizás, muchas hijas e hijos no pueden hacerse cargo de estas madres y padres, por recursos económicos, capacidades físicas y/o mentales, o tiempo. Porque para cuidar a una persona con dependencia moderada o severa se debe reunir ciertos requisitos, que muchas veces están ausentes y el cuidado se vuelve negligente. Y es por eso por lo que, muchas veces, el ingresar a una persona dependiente en una residencia es en realidad un acto de amor. Pero en sociedades familiaristas como la chilena, se estigmatizan otros sistemas de cuidados a largo plazo que se externalizan y se piensa que es “lo peor que le tocó vivir”.

Sin dudas, es urgente un cambio en el sistema de cuidados de larga duración chileno. Pero dejar entrever que las residencias actuales son un “botadero de viejos” es, por decirlo, violento. Actualmente el cuidado de adultos mayores dependientes descansa principalmente sobre sus familiares, en donde el 80% es asistido por miembros del hogar. El 70% de los cuidadores informales son mujeres las que no reciben remuneración por estos servicios, a pesar de dedicarse completamente en esta tarea lo que implica que no puedan participar en el mercado laboral. La sobrecarga del cuidado también tiene consecuencias en la salud física y mental de las cuidadoras. El 44% de los y las cuidadoras informales presentan síntomas depresivos y la sobrecarga ha sido asociada a altos niveles de frustración, fatiga, trastornos del sueño y pensamientos suicidas. Los efectos psicológicos de la sobrecarga también tienen características de género (SENAMA, 2010).

Buena parte de las falencias que se observan hoy, y que quedaron al “descubierto” con la pandemia, dicen relación con la falta de una política nacional sobre las vejeces con objetivos a largo plazo y poder de ejecución de un plan integral, intersectorial e interregional, donde se involucren a la sociedad civil. Por lo mismo apremia el rediseño para construir una nueva estructura de cuidados a largo plazo en la que se respeten la dignidad de las y los residentes. Un sistema con perspectiva de integración social, que permita derribar la exclusión permanente y multidimensional que sufren cotidianamente las personas mayores. Se hace imperativo, sobretodo cuando un 80% de las y los chilenos sostienen que el país está poco o nada preparado para el envejecimiento poblacional y un 53% cree que es responsabilidad del Estado el bienestar de las personas mayores (SENAMA, 2013). Se hace urgente en un país donde la relación entre el envejecimiento y la pérdida de la autonomía e independencia depende principalmente de los determinantes sociales.

En conclusión, el “documental” ha generado un gran impacto debido al desconocimiento que las y los chilenos tenían sobre la realidad que se vive en estos recintos, ¿pero hasta qué punto se instrumentalizan estas vidas y se ponen a servicio de una narrativa conservadora y paternalista que perpetúa una imagen viejista de las personas mayores? ¿Dónde está el límite de exponer la soledad de personas mayores que viven en residencias hasta convertirlo en un espectáculo o show mediático?. Sin dudas, los medios de comunicación –entre ellos el cine y sus realizadores– tienen una tremenda responsabilidad social, pues moldean el imaginario de lo posible por lo tanto conforman opiniones estereotipadas. En el caso del Agente Topo se perpetúa el imaginario negativo, paternalista y condescendiente acerca del envejecimiento y vejeces. Por supuesto, síntoma del más acérrimo viejismo estructural presente en nuestro país, pero que, sin dudas ni vacilación, debemos trabajar día a día para erradicar.

Agnieszka Bozanic L

Patricia Pinto A

María José Ron A

Directoras Fundación GeroActivismo

Referencias

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