Agnieszka Bozanic, fundadora de “Geroactivismo”: “La pandemia devela que Chile no es un país para envejecer en dignidad”

Cuando se dictó cuarentena total: “¿Alguien pensó en el 60% de personas mayores que no tiene teléfonos inteligentes? ¿En el 70% que no tiene internet?”, cuestiona la experta en estudios sobre personas mayores, quien asegura que esta crisis una vez más devela un sistema de salud pública debilitado por la mano del capitalismo, de un sistema de cuidados no articulado para las y los mayores más dependientes y el negocio de los establecimientos de larga estadía.

La psicogerontóloga de la Universidad de Barcelona y presidenta de la Fundación “Geroactivismo”Agnieszka Bozanic, ha investigado y elaborado estudios sobre los diversos factores asociados a los adultos mayores. Desde ahí, pone su ojo crítico en lo que hoy se observa en el sistema de salud público ante la crisis desatada por el Covid-19. En la organización trabajan desde 2015 para «transitar hacia una visión positiva del envejecimiento y la vejez», combatiendo el edadismo, es decir, la discriminación por edad.

Bozanic deja en claro que la edad no es un determinante por sí mismo. “En Chile se ve mucho mayor deteriorado por hay otras variables que entran a la “juguera”. Se llaman determinantes sociales y son fundamentales para el proceso de envejecimiento”, parte aclarando.

Para analizar cómo se ha comportado la crisis respecto a este grupo es necesario tener a la mano varios elementos: dónde viven los adultos mayores, en Chile hay una diferencia de 18 años de sobreviva entre La Pintana o Vitacura; la alimentación; la actividad física; las enfermedades crónicas, considerando que más de la mitad de adultos tiene diabetes, hipertensión, entre otras, la educación; y, el género. Sobre esto profundiza en entrevista con El Desconcierto.

-Bajo tu análisis, ¿cómo se ha abordado la crisis sanitaria del coronavirus respecto a la población adulta mayor?

Sin dudas, no ha sido un abordaje correcto. El retraso de las medidas de prevención responde a una política en donde se prevalece la economía por sobre las vidas de personas mayores. Porque al inicio, muchos decían que este virus atacaba solo a personas mayores y el mensaje que se desprende es que hay vidas que valen menos. No se hicieron los esfuerzos necesarios al comienzo, cuando el panorama sanitario era un poco más favorecedor. Luego, ves por televisión voceros y ministros hacían un recuento de los fallecidos comentando sus patologías. No es tranquilizador el discurso “estas personas mayores murieron con COVID-19, pero tenían otras patologías así que hubiesen muerto igual”. Puede que hayan estado en lo correcto, pero podría pasar dentro de un tiempo. No hay que olvidar que todas y todos moriremos, pero esperamos que sea lo más tarde posible.

Más tarde, con las cuarentenas dinámicas, era obligatorio el uso de salvoconductos que se pedían de forma digital. ¿Alguien pensó el 60% de personas mayores que no tiene teléfonos inteligentes? ¿En el 70% que no tiene internet? En Chile, la alfabetización digital es nula.

Y ahora, cuarentena obligatoria para el grupo de 75 años hacia arriba, desconociendo que las personas mayores son el grupo más heterogéneo del ciclo vital. ¿Por qué no proteger a todos los ciudadanos, sean mayores o jóvenes? No es la edad lo que hace que las y los mayores sean población de riesgo, es la pluripatología, son la discapacidad física y el deterioro cognitivo, entre otros. Por otro lado, estas medidas de aislamiento físico pueden tener graves consecuencias tanto físicas como mentales en las personas mayores, como depresión, ansiedad y descompensación de enfermedades crónicas. Tampoco sabemos si estas personas mayores viven en condiciones que puedan sopesar estas exigencias. En tiempos de pandemia el uso de la edad cronológica como guía de decisiones es simplemente edadista.

Foto: Agencia Uno

-¿Cómo ves que ha sido el tratamiento mediático respecto a las personas mayores y el avance del virus? ¿Adviertes prejuicios, estereotipos?

De todas maneras. Desde algunas personas en redes sociales llamando a la tranquilidad pues esta es “solo una enfermedad que mata viejos” pasando por titulares de matinales que buscan el rating con la vulnerabilidad de las personas mayores pobres hasta el presidente, ministros y alcaldes solicitando ayudar y cuidar a “nuestros adultos mayores”. El lenguaje crea realidades y este tono de paternalismo y condescendencia no contribuye a visibilizar a las personas mayores como sujetos de derechos o no como objetos de caridad. Esto solo perpetúa la eterna estigmatización en la que vive las personas mayores.

-En general, ¿qué devela esta crisis respecto de las condiciones de la vejez en el país?

Devela que Chile no es un país para envejecer en dignidad. Nos enfrenta a la miseria cotidiana en la cual viven millones de mayores en nuestro país. Nos habla de un sistema de salud público debilitado por la mano del capitalismo, de un sistema de cuidados no articulado para las y los mayores más dependientes, del negocio de los establecimientos de larga estadía. En definitiva, de la vulneración sistemática de derechos humanos fundamentales de esta población.

-En un análisis por género, ¿qué factores son determinantes para evaluar la situación de hombres y mujeres frente a la crisis que observamos?

Para analizar esta crisis sanitaria resulta imprescindible la clave de género. Y no hay que olvidar que las mujeres mayores, siguen siendo mujeres, por lo tanto, ciertas practicas específicas que afectan a otras mujeres, también afectan a las mayores.

Las mujeres están expuesta a sobrecargas en las tareas de cuidados tanto formales como al interior de las familias. Si hablamos de empleos feminizados, podemos ver que en España que el 86% de la ocupación de enfermería (sumándole auxiliares de geriatría que atienden en centros de día y establecimientos de larga estadía para adultos mayores) son mujeres. Asimismo, el 71% del personal de farmacia, el 93% del personal de limpieza y el 84% de quienes atienden en los supermercados. Si hablamos de sobrecarga por los cuidados de la familia y el hogar, sabemos que no existe corresponsabilidad en los hogares o en el caso de las familias monoparentales, un 82% encabezadas por mujeres.

También se ha observado una disminución de los ingresos por la urgencia del aislamiento físico. Muchas mujeres mayores no pueden cubrir las necesidades básicas con las pensiones que tienen y se ven en la necesidad de salir a realizar trabajos informales. Por lo tanto, se prevé un endeudamiento.

Por último, las mujeres se ven expuestas a un aumento de la violencia de género y sexual. En tiempos de pandemia, el confinamiento doméstico impone proximidad física permanente con el agresor y propicia el riesgo de violencia, su gravedad, reiteración y cronicidad. En España, hay un estudio que dice que el 40% de las mujeres mayores de 65 años ha soportado por más de 40 años violencia de género perpetrada por su marido, manifestada a nivel físico, psicológico, sexual y/o económico. Por lo tanto, es urgente poner el foco en este grupo etario también.