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Ancianos, Abuelitos, Tercera edad, Adulto Mayor, Persona Mayor y viejo…

A propósito de los diversos síntomas y signos de viejismo que hemos observado en este loco mundo de crisis sociales, pandemias y emergencias medioambientales, me gustaría plantear una pequeña reflexión sobre el poder del lenguaje y cómo éste evidencia las percepciones y juicios que compiten en nuestra sociedad. Este es un poder que todos manejamos y, por tanto, todos somos capaces de ejercerlo (para bien o para mal).

La vejez y el envejecimiento son construcciones sociales. Prueba de ello han sido los profundos cambios que han experimentado las denominaciones que se le otorga a este grupo etario. Hace varias décadas, la mirada hacia el “viejo” era primordialmente caritativa, dado que estos representaban muchas veces el rostro de la vulnerabilidad, la pobreza y la calle, y no existía mayor apoyo hacia ellos. En aquel entonces, la caridad provenía principalmente de organizaciones religiosas (en el caso de las personas mayores en estado de abandono), o bien, la existencia del viejo se limitaba al ámbito doméstico, donde su único rol es el de “abuela” o “abuelo”. Es decir, nos referíamos a ellos como los “ancianos” (expresión de debilidad, pasividad, enfermedad, entre otros) o como los “abuelitos”. Sin embargo, en Chile el mundo público y el Estado comienzan a adquirir un rol más activo frente a esta población en 1995, cuando nace la “Comisión Nacional para el Adulto Mayor”, que posteriormente llegaría a llamarse Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA). Es más o menos en esta época cuando se genera un salto en el lenguaje, intentando cambiar las denominaciones de la vejez hacia “tercera edad” o “Adultez mayor”, términos que buscaban ser menos peyorativos. Sin embargo, estos conceptos eran un tanto reduccionistas, limitando a los viejos a una sola característica (la de ser mayor), coartando otros ámbitos de su vida, y reproduciendo el estereotipo del viejo asexuado, sin roles que cumplir, pasivo, y sin opinión. Por ello, se evoluciona posteriormente hacia el concepto de “Persona Mayor”, entendiéndolos también desde otros roles (ser persona, ciudadano, sujeto de derechos, entre otros). 

Hasta el día de hoy, todas esas denominaciones aún conviven. Muchos todavía emplean el concepto de “Hogares de Ancianos”, o vemos desafortunados titulares de diario que hacen referencia al “Abuelito”. No obstante, yo veo esta evolución como una transformación positiva en la lucha contra el viejismo. Ahora, queda preguntarse ¿Qué viene más adelante? ¿Sería posible que el término siga cambiando?

A continuación, quisiera compartir con ustedes una visión muy personal. Yo, por un lado, estoy a favor de la terminología de la “persona mayor” y la prefiero. Pero, por otro lado, creo que esta transformación que se viene dando hace años también debería dar un lugar de honor a los conceptos de “vieja” y “viejo”. Existe gente que reniega de denominarse a sí mismo y a otros como viejo. En ocasiones, se cree que decir “viejo” es una ofensa. Por ejemplo, hay quien dice “Yo no soy vieja, la juventud se lleva por dentro” o “que mal, me llegó el viejazo”. Sin embargo, quisiera postular ¿Qué pasa si el problema no está en la palabra sino en nuestros propios prejuicios? Yo me pregunto, ¿Por qué sería malo ser vieja o viejo? ¿Por qué viejo o vieja no pueden ser descripciones neutras, al igual que decir “alto” o “bajo”, o “moreno”, “castaño” y “rubio”? Hay quienes niegan la edad, planteando que la edad es solo una idea, que no significa nada, que lo que importa es la persona. Pero ¿Por qué debería no importar la edad? ¿Acaso no es la edad una muestra de nuestro paso por este mundo, nuestras experiencias y nuestro tiempo con quienes amamos? ¿Por qué quitarse años? Personalmente, el día en que mi carnet diga que tengo más de 60, estaré orgullosa de poder decir que soy vieja y punto. 

Es más, por ahí por el 2017 adquiere renombre una obra de teatro titulada “Viejos de mierda”, escrita por Rodrigo Bastidas y Jaime Vadell, y protagonizada por Coco Legrand, Tomás Vidiella y el propio Vadell. La obra fue un rotundo éxito, y le siguó “Viejas de mierda”, otro exitazo con la actuación impecable de Gloria Munchmayer, Gabriela Hernández y Gloria Benavides. Los provocativos títulos de estas obras parecen evidenciar la necesidad de que sean los mismos viejos los que se hagan dueños de su denominación. Así, este es un empoderamiento lleno de ironía, de humor y creatividad, que demuestra que ser viejo no tiene nada de malo, donde ellos mismos se dicen viejos e incluso “viejos de mierda”. De hecho, en ambas obras son los viejes quienes se rebelan contra estructuras establecidas, a tal punto que unos se deciden a echar abajo el edificio del Costanera Center -símbolo inequívoco del neoliberalismo- y otras se niegan a obedecer los designios del mismísimo cielo mientras esperan en el purgatorio. Además, durante ambas historias estos viejos se cuentan sus vidas, sus penurias y alegrías, dando cuenta de que “viejo” no es solo una descripción de la edad de un individuo, sino que hace referencia a quien ha vivido mucho y a acumulado innumerables experiencias. En este sentido, el “vieje” no es solo eso, también es persona, es hombre, mujer, padre, pareja, ciudadano y todo lo que desee.

Por eso mi sueño es que, cada día más y más personas eviten el “anciano” o “abuelito” para referirse a las personas mayores y que, además, lleven ese gesto y esa transformación del lenguaje al siguiente nivel: que hablen de los viejos y viejas con naturalidad y respeto, inspirándose a querer ser vieja o viejo. Porque para mí, no es necesario “llevar la juventud por dentro” sino vivir plenamente los años que se tienen. Incluso me atrevo a decir que, cuando las palabras viejo o vieja hayan perdido su tono negativo, el día en que ya no se consideren una ofensa, será cuando le hayamos torcido la mano al viejismo. Para mí, ahí se evidencia el poder de la palabra, y allí es donde cada uno de nosotros puede aportar a esta transformación. Por eso se hace inmensamente relevante el lenguaje que elegimos, y ojalá, si estás de acuerdo conmigo, decir vieja o viejo sin prejuicios y sin miedo.

Raffaela Carvacho Formas

rdcarvacho@uc.cl

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DECLARACIÓN PÚBLICA FUNDACIÓN GEROACTIVISMO SOBRE FEMICIDIO DE CARMEN DEL PILAR TORO DURÁN

Por Agnieszka Bozanic, Patricia Pinto y María José Ron

27 Mayo 2020

En estos tiempos de pandemia, la violencia de género se ha incrementado considerablemente. El confinamiento doméstico impone una proximidad física permanente con el agresor y propicia el riesgo de violencia, su gravedad y reiteración. El 70% de las llamadas de emergencia han correspondido a casos de violencia contra mujeres, según el Ministerio de la Mujer.

En este contexto, como Fundación GeroActivismo no queremos dejar pasar la oportunidad de visibilizar el brutal femicidio de Carmen del Pilar Toro Durán, mujer de 68 años, ataque perpetrado el 21 de mayo en la comuna de Coronel. Este dramático hecho es de conocimiento público, sin embargo, no ha recibido la suficiente condena o visibilización, como sí ha ocurrido con otros casos de niñas o mujeres jóvenes, que han sido igual de lamentables y repudiables, pero han tenido una alta connotación pública.

Expresamos nuestro total repudio a la golpiza, violación y posterior asesinato de Carmen que responde a la más vil de las violencias machistas. La violencia de género afecta a todas las mujeres por igual, pues el machismo no distingue de edad. 

Las mujeres mayores, al igual que otros grupos etarios, están expuestas a la violencia de género y sexual. Un estudio español demostró que el 40% de las mujeres españolas mayores de 65 años ha soportado por más de 40 años violencia de género perpetrada por su marido, manifestada a nivel físico, psicológico, sexual y/o económico. 

Lamentablemente, una imagen aceptada comúnmente por la sociedad es que las mujeres mayores son seres asexuados y que por ende no pueden sufrir este tipo de violencia. Esta creencia, al igual que muchas otras donde se reproduce una imagen desvalorizada del envejecimiento y vejez, corresponde a un edadismo sexista y no hace más que contribuir a la invisibilización de las violencias machistas en la vejez y, por supuesto, perpetuar el ciclo del edadismo, estigma y maltrato.

Hacemos un llamado a las autoridades políticas como SENAMA y el Ministerio de la Mujer para que garanticen los derechos humanos de las mujeres mayores, quienes cotidianamente se enfrentan a situaciones que merman su calidad de vida y dignidad. Adicionalmente, les invitamos a crear estrategias preventivas para la violencia de género con un enfoque de género y derechos humanos, desde un modelo del curso de vida y con un abordaje gerontológico, que promuevan, protejan y aseguren el reconocimiento y pleno goce y ejercicio de los derechos fundamentales en condiciones de igualdad, poniendo énfasis en las mujeres mayores, tal como lo señala la Convención Interamericana sobre los DDHH de las Personas Mayores.

Por último, el llamado también va para todas nosotras, las que nos hacemos llamar feministas. Especialmente a las que, en alguna medida, le restaron la importancia que merecía este hecho abominable. No hay que olvidar que las mujeres mayores, son mujeres antes que mayores. Que muchas de las prácticas que hoy nos afectan a mujeres más jóvenes también les afectan a ellas, aunque sean una población particular con necesidades específicas. Es tiempo de comenzar a hablar de los “feminismos viejos” o “gerofeminismos” como un feminismo contra-hegemónico que despierta desde el alero de la reivindicación más profunda del envejecimiento y la vejez. Es tiempo de dar cabida a algo más que al feminismo euroblanco adultocéntrico. Porque ese feminismo termina olvidando a las minorías por la raza, identidad de género, orientación sexual, discapacidad, pero por sobretodo por edad. Las luchas están entrelazadas y conectadas y solo unidas podremos hacer frente a lo que venga.

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«28 de mayo 2020» Un llamado a reivindicar el derecho a la salud de las mujeres mayores

Por Agnieszka Bozanic

28 mayo 2020

Corría el año 1987 y las integrantes de la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos acordaron declarar el 28 de mayo como Día Mundial de Acción por la Salud de las Mujeres. El objetivo de este manifiesto era reafirmar el derecho a la salud como un derecho humano básico al que todas las mujeres, independiente de su edad, debían acceder sin restricciones o exclusiones.

En el año 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) creó la Estrategia Mundial para la Salud de la Mujer, el Niño y el Adolescente para el 2016-2030. Según la misma organización, esta estrategia se “centra en la protección de las mujeres, los niños y los adolescentes que viven en entornos humanitarios y frágiles y en la realización de su derecho humano a gozar del grado máximo de salud que se pueda lograr, incluso en las circunstancias más difíciles”. El objetivo principal es poner fin a la mortalidad prevenible de mujeres, niños y adolescentes, de mejorar en gran medida su salud y bienestar y de realizar el cambio transformador necesario para configurar un futuro más próspero y sostenible”. Lo que parece olvidar la OMS es que el ciclo vital no termina en la adultez, que la vejez existe y que las mujeres mayores son una población particular con necesidades específicas

Este por esto que año, y más que nunca, el llamado es a recordar, difundir y reivindicar el derecho de las mujeres mayores a gozar de una salud física, mental y sexual, de calidad. Esto pues las mujeres mayores arrastran diversas formas de discriminación que se entrelazan y las convierte en el grupo etario más vulnerabilizado. 

La vejez tiene cara de mujer. De acuerdo con los datos de la Casen 2017, se registraron 3.439.599 personas mayores en Chile, de las cuales el 55.7% corresponden a mujeres. Si hablamos de cuarta edad, 573.271 personas señalaron tener 80 años o más, de las cuales el 63,3% son mujeres. 

Expertos señalan que la vejez es más precaria en las mujeres. Las mujeres tienen una mayor expectativa de vida (83.4% en mujeres v/s 77.4 años para hombres). Una mayor sobrevida, pero no siempre está acompañada de una buena calidad de vida, la cual depende de las condiciones actuales y -sobretodo- de las condiciones en que han transcurrido sus vidas. 

Solo por dar algunos ejemplos, las mujeres mayores presentan más enfermedades mentales y cardiovasculares. Las mujeres tienen menos acceso a los servicios sanitarios y mayor prescripción de medicamentos. Las mujeres mayores tienen menos protección social pues los trabajos están concentrados principalmente en sectores informales, agropecuarios y de servicios. Las mujeres mayores se jubilan con una pensión menor o igual a $158.353. Las mujeres mayores están más expuestas a situaciones de abandono, aislamiento, violencia y maltrato en cualquiera de sus formas.

Es hora de migrar hacia una política en salud con enfoque gerontológico, de género y de derechos humanos. No podemos seguir dejando atrás a las “parias de las parias”, esas miles de mujeres mayores que se sustentan la economía de este país gracias a su trabajo no remunerado invisibilizado. A aquellas que proveen apoyo en labores domésticas, de acompañamiento y de cuidados de sus parejas, hijas, hijos, nietas y nietos. Aquellas que desean ser vistas como sujetas de derechos en vez de objetos de caridad presos del acérrimo asistencialismo que es nada más que edadismo positivo. Aquellas que merecen salud de calidad, tengan la edad que tengan.

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EDADISMO: LA OTRA ARMA DEL CAPITALISMO

Por Agnieszka Bozanic

22 septiembre 2019

La discriminación se define comúnmente como aquellos actos, prácticas y conductas que suponen un trato diferenciado hacia una persona, grupo u organización, basándose en características particulares. Recientemente, un estudio acerca de la percepción de discriminación de los chilenos reveló que el 73% ha sentido algún tipo de discriminación a lo largo de su vida, en donde el 34% respondió que fue discriminado por edad (Visión Humana, 2018). Esto demuestra que el edadismo en nuestro país es real, está presente y se ha extendido.

El edadismo es una forma de discriminación sutil y escasamente reconocida. Se basa en estereotipos, prejuicios y mitos negativos acerca de la vejez y el envejecimiento. Éstos son producto de una construcción social que subordina a las personas mayores al modo de una “profecía autocumplida”: los y las mayores se ven condicionados a asumir conductas acordes a lo esperable por la sociedad (Levy, 2017). Las formas que adopta el edadismo son múltiples y complejas. Podemos observar un micro-nivel donde el lenguaje toma el protagonismo: el elderspeak, una forma de microedadismo que se define como un estilo de comunicación condescendiente e infantilizador hacia las personas mayores, mediante el cual se producen fenómenos como ralentizar el habla, hablar más alto y usar términos cariñosos pero inapropiados (Gendron et al., 2016). A nivel macro, observamos el edadismo estructural en donde las instituciones sociales limitan y dañan a las personas mayores, impidiéndoles satisfacer sus necesidades básicas y alcanzar una calidad de vida adecuada (Galtung, 1969).

Desde un análisis unidimensional de este fenómeno, podemos decir que el edadismo es el miedo a morir reflejado en el “otro”. Lo que nos recuerdan las personas mayores es la finitud de la vida, nos evidencian que el envejecimiento es un proceso universal, intrínseco, progresivo y deletéreo (Jiménez-Hernández et al., 2010). Y en una sociedad donde la muerte es un tabú, no queremos ser ese “otro” que transita hacia el ocaso; preferimos identificarnos con la juventud (“divino tesoro”), menospreciando y muchas veces aplacando las huellas que deja el paso de la vida. En esta lógica absurda de querer vivir muchos años pero no envejecer, emergen actitudes discriminatorias y la gerontofobia, o miedo a envejecer. El edadismo es único en este sentido, pues a diferencia del racismo o del sexismo, la discriminación por edad es perpetrada y propagada por personas que algún día llegarán a ser mayores. Por lo tanto, estas actitudes y prácticas contribuyen a la propia victimización en el futuro (INADI, 2017). 

En un intento de realizar un análisis sistémico del edadismo, podemos señalar que la discriminación por edad posee una estrecha relación con las ideologías y sistemas económicos capitalistas. Para nadie es un secreto que la utilización del miedo como herramienta de control social es una de las armas más afiladas del capitalismo (Klein, 2009). En períodos de “crisis”, el atomismo subjetivo (o “rásquese con sus propias uñas”) produce una división entre los ciudadanos a través de la justificación y la ejecución de la discriminación. 

Entendemos que con “el otro” todo está bien en tanto su presencia no sea intrusiva, en tanto “ese otro” no sea realmente otro (Zizek, 2018). Ese “otro” adquiere características particulares: hombre, joven y soltero, es decir, un prototipo de todo aquello que considera de valor el capitalismo, entendido como un modo de producción que funciona por la acumulación del capital, explotando la fuerza de trabajo. En este contexto, el uso indiscriminado de la discriminación no es casual, sino causal. Las personas mayores adquieren ciertas cualidades que justifican la exclusión y el rechazo. Hay al menos dos imágenes colectivas creadas a partir de ideas sesgadas acerca de lo que significa ser mayor en periodos de crisis de la seguridad social y mayor gasto público gracias al envejecimiento demográfico:

(1) Las personas mayores son pasivas: las políticas sociales desde la década de los ochenta fomentan el imaginario que las personas mayores son free-riders de la sociedad, construyendo la idea de lucha generacional por los recursos. Los adultos mayores se aprovechan del trabajo colectivo de las generaciones más jóvenes, realizando esfuerzos comparativamente menores y obteniendo los mismos beneficios. 

(2) Las personas mayores son explotables: la sobreexplotación del trabajo remunerado con sueldos paupérrimos disfrazados de buena voluntad, la expropiación del trabajo no remunerado disfrazado de amor, AFPs y pensiones de miseria disfrazadas como camino hacia el crecimiento macroeconómico. La política social chilena concibe a las personas mayores como objeto de asistencialismo, con una mirada restringida sobre el significado de la vejez.

Estos imaginarios son sustentados y reproducidos no solo por las instituciones chilenas, sino que es una política sistémica de las economías neoliberales. En palabras de la directora del FMI Christine Lagarde: “Los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía mundial”, “…la vejez es un problema”. En el informe del FMI (2015) se analiza el denominado “riesgo de longevidad de la población”, identificándose el envejecimiento como una amenaza sobre las finanzas de las corporaciones y los bancos. Largarde exige a los gobiernos que reconozcan que el subvencionar el gasto del envejecimiento les puede crear un serio problema en el futuro, y que es un riesgo mayor para las grandes empresas. Para neutralizar sus efectos, se recomiendan medidas estructurales severas como aumentar la edad de la jubilación y recortar gastos sociales, entre otras. Por inverosímil que parezca, bajo esta lógica los mayores son un riesgo que debe ser eliminado, abaratándose a toda costa el costo de “mantenerlos”.

Así es como el capitalismo se convierte en el caldo de cultivo para el edadismo: justifica la marginación y exclusión de los mayores por la crisis del envejecimiento acelerado que vive nuestro país. Las imágenes estereotipadas son el medio por el cual se difunde magistralmente una realidad incompleta; estas imágenes son creadas para generar bandos entre los ciudadanos y así dinamitar la solidaridad intergeneracional, limitando la identificación y empatía con ese “otro” como el “yo” del futuro. Esta situación de vulneración tiene como consecuencias la invisibilización de las personas mayores y la falta de oportunidades equitativas de desarrollo y bienestar, derivando inexorablemente en pobreza y precarización.

Y es por esto que no importa cuántos discursos en contra del edadismo se viertan. Si no se entiende y analiza la génesis de este tipo de discriminación, jamás lograremos una lucha auténtica. Porque justamente eso es: una lucha por la justicia social. Hay que acabar con los discursos relativistas e imprecisos junto a aquellas conductas políticamente correctas que promueven acciones mitigadoras pero que no lograrán destruir al problema de raíz, pues se alejan del acto revolucionario y transformador que realmente se necesita. Y en esto último, el GeroActivismo se ha comprometido profundamente: si bien ha nacido como una plataforma digital para evidenciar el maltrato naturalizado en nuestro país, pretende mutar y posicionarse como un actor relevante en la lucha contra el edadismo.

Con esto, los invito a pensar en qué es lo que necesitamos para vencer la discriminación por edad en Chile.

Necesitamos políticas públicas desde un modelo social, colaborativo y no asistencialista. Políticas públicas que nos permitan observar cómo nos permea la ideología capitalista, y así generar una conciencia reflexiva de cómo un modelo que opera día tras día puede impactar de esta forma nuestras prácticas cotidianas, reflejadas desde el lenguaje común y corriente el cual escurre paternalismo, hasta el acto directo de rechazo hacia la convivencia con las/os mayores.

Necesitamos combatir el edadismo desde una perspectiva sistémica, observándolo como un problema país y no como un caso aislado. Es urgente comenzar a mirar este problema desde un imaginario histórico anticapitalista, sustentado desde una cultura basada en la reciprocidad y  cimentada en la solidaridad intergeneracional. Para enfrentar el reto demográfico que se nos presenta hoy, el trabajo no se debe enfocar sólo en los mayores sino promover mayor solidaridad entre y dentro de cada generación, para así lograr una sociedad más cohesionada en base a valores transindividuales.

Así y solo así podremos lograr cambios sustanciales y significativos, a favor de una sociedad equitativa y amigable. Porque, parafraseando la célebre frase de Malcom X, “no hay capitalismo sin edadismo”, queda claro que la abolición del edadismo será anticapitalista o no será.

Referencias

FMI. (2015). Informe Anual. Juntos frente a los desafíos.. https://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/ar/2015/html/index.htm

Galtung, Johan. Violence, Peace, and Peace Research. Journal of Peace Research. 1969;6:167–191

Gendron, TL,  Welleford EA, Inker J, White JT. The Language of Ageism: Why We Need to Use Words Carefully. The Gerontologist, 2016;56:997–1006. https://doi.org/10.1093/geront/gnv066

INAPI (2017). Discriminación por edad, vejez, estereotipos y prejuicios. http://www.inadi.gob.ar/contenidos-digitales/wp-content/uploads/2017/06/Discriminacion-por-Edad-Vejez-Estereotipos-y-Prejuicios-FINAL.pdf

Klein N. (2009). La Doctrina del Shock. Documental.

Levy BC. Age-Stereotype Paradox: Opportunity for Social Change. Gerontologist. 2017;57:S118–S126. doi:10.1093/geront/gnx059

Jiménez-Hernández Y, Pintado-Machado Y, Rodríguez-Márquez A, Guzmán-Becerra L, Clavijo-Llerena M. Envejecimiento poblacional: tendencias actuales. Psicogeriatría. 2010;2: 239-242.

Visión Humana (2018). Informe público Chilescopio. https://visionhumana.cl/portfolio_page/informe-publico-chilescopio-2018/

Zizek S. (2018). En el capitalismo tardío, el derecho de estar a una distancia segura de los otros, se vuelve un “derecho humano”. https://lanotasociologica.wordpress.com/2018/09/13/en-el-capitalismo-tardio-el-derecho-de-estar-a-una-distancia-segura-de-los-otros-se-vuelve-un-derecho-humano-slavoj-zizek/

** Este texto fue publicado por primera en la página web Política Salvaje el 22.09.2019 por Agnieszka Bozanic. El link para acceder al texto original es el siguiente: http://www.politicasalvaje.cl/2019/09/22/edadismo-la-otra-arma-del-capitalismo/

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EDADISMO: LA OTRA ARMA DEL CAPITALISMO

Escrito por Agnieszka Bozanic

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¿Qué es Fundación GeroActivismo?

(Gero= Gerontología; Activismo= acto mediante el cual se protesta en contra y a favor de algo).

Organización sin fines de lucro que promueve la construcción de una sociedad intergeneracional, inclusiva y equitativa con todas las edades. Desde el 2015, trabajamos desde el enfoque de género y DDHH.

Misión: Promover una mirada positiva del envejecimiento, vejez y la edad, visibilizando los edadismos hacia las personas mayores, en sus diversas formas realizando investigación y formación. Por lo tanto, promover una toma de conciencia acerca del maltrato multinivel y multidimensional hacia las personas mayores.

Visión: Ser la organización referente en temas de edadismo a nivel Iberoamericano, mediante alianzas estratégicas con la Quinta Hélice.

Valores: enfoque de derechos, pluralismo, feminismo, intergeneracionalidad, interseccionalidad.

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¿Quiénes somos?

Los GeroActivistas somos voluntarios que promovemos el activismo a favor de una visión positiva del envejecimiento y la vejez. Somos personas que sentimos orgullo de la edad, nos negamos a lamentarnos de haber despertado un día más, reconocemos que vivir muchos años es un privilegio, y que estamos preparados para desafiar las estructuras de poder que subyacen a la discriminación en pos de la equidad y la igualdad de oportunidades para los envejecientes. 

También intentamos cambiar la imagen social del envejecimiento y la vejez, mostrando que existen tantas vejeces como envejecientes pues existen trayectorias vitales diversas asociadas a circunstancias históricas, socioculturales y económicas diferentes. Combatimos el edadismo e impulsamos una cultura intergeneracional para la creación de una sociedad amigable con los mayores.

Agnieszka Bozanic L.

Psicóloga Universidad de Chile. Diploma en Políticas Públicas, Envejecimiento y Sociedad Universidad de Chile. Diploma en Psicoterapia Sistémica y Familiar Universidad de Chile. Máster en Psicogerontología Universidad de Barcelona. Doctoranda Medicina e Investigación Traslacional Universidad de Barcelona. Becaria Becas Chile. Twitter

Docente en diversas universidades chilenas, relatora de cursos y talleres, expositora en congresos nacionales e internacionales.

Fundadora y Presidenta Fundación GeroActivismo.

Área de expertiz: neuropsicología, psicogeriatría, edadismo.

Patricia Pinto

Psicóloga Universidad Diego Portales. Diploma en Intervenciones Psicoanalíticas Pontificia Universidad Católica de Chile. Máster Psicología Clínica Adultos Universidad de Chile. Máster Psicogerontología Universidad de Barcelona. Docente Diploma Longevidad: Herramientas para el abordaje de la Salud Mental en el Adulto Mayor. Ex coordinadora programas Amanoz. Ex psicogerontóloga Fundación Las Rosas.

Secretaria Fundación GeroActivismo.

Área de expertiz: evaluación, atención y tratamiento psicológico en personas mayores.

María José Ron

Psicóloga mención comunitaria Universidad de Tarapacá. Diploma en personas mayores y demencia: abordaje gerontológico Pontificia Universidad Católica de Chile. Ex monitora Condominio de Viviendas Tuteladas. Ex Psicóloga Campus Gerontológico Universidad La República. Estudiante Máster en psicoterapia Familiar, de pareja e individual, enfoque constructivista interaccional Universidad Mayor. Twitter

Tesorera Fundación GeroActivismo.

Área de expertiz: evaluación, atención y tratamiento psicológico en personas mayores.

Francisca Ortiz Ruiz

Sociologa Universidad Alberto Hurtado. Diploma en Indicadores y Estadísticas en Género ONU-Mujeres. Diploma en Datos y Análisis de Estadísticas Avanzadas P. Universidad Católica de Chile. Magister en Sociología P. Universidad Católica de Chile. Doctoranda Sociología, The University of Manchester. Becaria Becas Chile. Twitter

Página web Fundación GeroActivismo.

Área de expertiz: métodos mixtos de investigación (cuantitativos y cualitativos), gerontología social, sociología relacional, pensiones, historias de vida.

Natalia Barrientos

Periodista-Licenciada en Comunicación social Pontificia Universidad Católica de Chile. Diploma en Comunicación y Políticas Públicas Universidad de Chile. Máster en Dirección de Comunicaciones Universitat Pompeu Fabra.

Directora Comunicaciones Fundación GeroActivismo.

Área de expertiz: comunicación corporativa. Líder en áreas de comunicación y proyectos de marketing digital, gestión proveedores, coordinación de equipos e instituciones.